Más pronto que tarde ha llegado la primera demanda contra Sony por el escándalo de la fuga masiva de datos de jugadores de la PlayStation. La firma californiana de abogados Rothken Law la ha presentado en nombre de un ciudadano, pero se trata de una iniciativa a la que pueden sumarse otros. El argumento es que la brecha de seguridad que ha permitido a un intruso acceder a los datos personales de 77 millones de miembros de la plataforma PlayStation Network (PSN) demuestra que la compañía no tomó las medidas necesarias para proteger datos clave de sus clientes y los alertó con tardanza.
A ello se suman las investigaciones abiertas por autoridades de la protección de datos en Reino Unido o Irlanda y las iniciadas por la fiscalía de Estados como Iowa, Massachusetts, Connecticut y Florida en EE UU. El Ponemon Institute calcula que lo sucedido puede costarle a Sony unos 16.000 millones de euros. Sea o no cierta la cifra, la cotización de la compañía ha bajado un 8% en los últimos días. Según Google Insights, la palabra más buscada estos días es precisamente PlayStation Network.
Sony dio ayer un detalle más sobre la intrusión y aseguró que los datos relativos a la tarjeta de crédito, no el resto, estaban cifrados, lo que dificultaría más el acceso no autorizado aunque no lo haría imposible. En distintos foros empiezan a aparecer testimonios de usos fraudulentos de tarjetas. Estas noticias, sin embargo, son difíciles de relacionar directamente con la brecha de seguridad padecida por la PSN. Uno asegura que un colega ha visto usada su tarjeta en la compra en una tienda alemana por valor de 1.500 dólares (1.020 euros). Dos jugadores informan del uso fraudulento de sus tarjetas por valor de 300 y 600 dólares (204 y 408 euros, respectivamente). Otro reporta que una docena de personas han denunciado cargos en su tarjeta de una compañía aérea alemana y otro denuncia un cobro de 8.000 dólares (5.445 euros) en una tienda japonesa.
Por su parte, Microsoft ha alertado de un problema en la plataforma de la Xbox. Es un conflicto de mucha menor entidad que el de Sony. Los jugadores de Modern Warfare 2 pueden ser objeto de una campaña de phishing (mensaje de correo que intenta obtener datos mediante el engaño). La compañía explica que trabaja para resolverlo.
viernes, 29 de abril de 2011
La violencia irrumpe en el cambio marroquí
Más despacio que algunos de sus vecinos norteafricanos, sin tantos sobresaltos, sin apenas violencia, Marruecos se adentraba por el camino de las reformas, aunque entre lo que ofrece el rey Mohamed VI y lo que reivindica la calle hay aún un abismo.
Una nueva marcha juvenil y sindical ha sido convocada para el 1 de mayo
El atentado de ayer en el lugar más emblemático del turismo en Marruecos corre el riesgo de frenar en seco la apertura que tanto estaba ilusionando a buena parte de la sociedad marroquí. Si no logra parar las reformas, por lo menos distraerá la atención de ese objetivo durante un tiempo.
"Al cometer este atentado ahora, cuando el régimen arrinconado se ve obligado a soltar lastre, los terroristas, autores intelectuales o materiales del atentado han resultado ser unos aliados estratégicos de la autocracia que nos gobierna", escribe en su web Demain Online el periodista marroquí Ali Lmrabet.
Con un lenguaje menos virulento muchos de los que se han echado a la calle en Marruecos desde hace algo más de dos meses -la próxima gran protesta ha sido convocada el 1 de mayo- dan la impresión de compartir la opinión de Lmrabet.
Si la calle, que han tomado los jóvenes, la izquierda y los islamistas, pide cambios a gritos, el entorno del rey Mohamed VI arrastra los pies. A algunos de sus colaboradores les pareció algo excesivo su discurso del 9 de marzo en el que anunció una reforma constitucional que conllevará un recorte de sus poderes, según fuentes próximas al palacio real.
El golpe para el proceso de reformas sería aún más duro si se confirmase el rumor, que circulaba ayer en Marraquech, de que el autor del atentado era uno de los islamistas indultados por el soberano el 14 de abril.
Ese día el monarca concedió su gracia real a 190 presos de los cuales 96 fueron excarcelados de inmediato. Aunque entre ellos había algún defensor de los derechos humanos, la mayoría eran islamistas -el más célebre es el predicador tangerino Mohamed Fizazi- condenados por instigar la violencia, aunque no tenían las manos manchadas de sangre.
Al día siguiente de ese indulto, que buscaba fomentar la reconciliación, un barbudo recién liberado asesinó en Tánger a un joven de 25 años e hirió a otros dos, uno de ellos de gravedad, al tiempo que les reprochaba vociferando que hablaran español con unas turistas. El asesino logró huir aunque los dos heridos le identificaron cuando fueron interrogados por la policía.
A varias decenas de presos islamistas que aún permanecen tras los barrotes, la mayoría condenados después de los atentados de Casablanca en mayo de 2003, las autoridades penitenciarias les dieron a entender hace un par de semanas que probablemente saldrían de la cárcel el 30 de julio con motivo de la fiesta con la que se celebra la entronización de Mohamed VI.
Es probable que estos indultos no entusiasmen a las fuerzas de seguridad y, más aún, a la temida Dirección de Supervisión del Territorio (DST), sobre la que recae el grueso de la lucha antiterrorista y antiextremista. Hasta ahora había tenido éxito en esta tarea porque desde 2003 Marruecos no ha sufrido ningún atentado de envergadura.
Los jóvenes del Movimiento 20 de Febrero que protagonizan las protestas sociales tenían además la intención de organizar un picnic en el bosque de Temara que rodea la sede central de esa policía política. La iniciativa irritaba a los agentes.
El atentado perpetrado ayer recuerda a la serie de bombazos que padeció Casablanca hace ocho años y que costaron la vida a 33 personas -cuatro de ellas españolas en la Casa de España- y a los 12 kamikazes que se volaron con sus mochilas repletas de explosivos.
Aquella ola de violencia dio la puntilla a las reformas puestas en marcha por Mohamed VI al principio de su reinado, en 1999, pero que cuatro años después habían perdido fuelle.
A finales de mayo de 2003 el monarca anunció en un discurso "el fin de la era del laxismo" y su intención de parar los pies "a aquellos que se aprovechan de la democracia para perjudicar a la autoridad del Estado y a aquellos que difunden ideas que abonan el terreno para sembrar las espinas del ostracismo, del fanatismo y de la discordia". Unos 8.000 marroquíes fueron entonces detenidos y más de 2.000 fueron juzgados por terrorismo.
"Los jóvenes del Movimiento 20 de Febrero rezan ahora por que no se repita la historia", afirma el periodista Aboubakr Jamai.
Una nueva marcha juvenil y sindical ha sido convocada para el 1 de mayo
El atentado de ayer en el lugar más emblemático del turismo en Marruecos corre el riesgo de frenar en seco la apertura que tanto estaba ilusionando a buena parte de la sociedad marroquí. Si no logra parar las reformas, por lo menos distraerá la atención de ese objetivo durante un tiempo.
"Al cometer este atentado ahora, cuando el régimen arrinconado se ve obligado a soltar lastre, los terroristas, autores intelectuales o materiales del atentado han resultado ser unos aliados estratégicos de la autocracia que nos gobierna", escribe en su web Demain Online el periodista marroquí Ali Lmrabet.
Con un lenguaje menos virulento muchos de los que se han echado a la calle en Marruecos desde hace algo más de dos meses -la próxima gran protesta ha sido convocada el 1 de mayo- dan la impresión de compartir la opinión de Lmrabet.
Si la calle, que han tomado los jóvenes, la izquierda y los islamistas, pide cambios a gritos, el entorno del rey Mohamed VI arrastra los pies. A algunos de sus colaboradores les pareció algo excesivo su discurso del 9 de marzo en el que anunció una reforma constitucional que conllevará un recorte de sus poderes, según fuentes próximas al palacio real.
El golpe para el proceso de reformas sería aún más duro si se confirmase el rumor, que circulaba ayer en Marraquech, de que el autor del atentado era uno de los islamistas indultados por el soberano el 14 de abril.
Ese día el monarca concedió su gracia real a 190 presos de los cuales 96 fueron excarcelados de inmediato. Aunque entre ellos había algún defensor de los derechos humanos, la mayoría eran islamistas -el más célebre es el predicador tangerino Mohamed Fizazi- condenados por instigar la violencia, aunque no tenían las manos manchadas de sangre.
Al día siguiente de ese indulto, que buscaba fomentar la reconciliación, un barbudo recién liberado asesinó en Tánger a un joven de 25 años e hirió a otros dos, uno de ellos de gravedad, al tiempo que les reprochaba vociferando que hablaran español con unas turistas. El asesino logró huir aunque los dos heridos le identificaron cuando fueron interrogados por la policía.
A varias decenas de presos islamistas que aún permanecen tras los barrotes, la mayoría condenados después de los atentados de Casablanca en mayo de 2003, las autoridades penitenciarias les dieron a entender hace un par de semanas que probablemente saldrían de la cárcel el 30 de julio con motivo de la fiesta con la que se celebra la entronización de Mohamed VI.
Es probable que estos indultos no entusiasmen a las fuerzas de seguridad y, más aún, a la temida Dirección de Supervisión del Territorio (DST), sobre la que recae el grueso de la lucha antiterrorista y antiextremista. Hasta ahora había tenido éxito en esta tarea porque desde 2003 Marruecos no ha sufrido ningún atentado de envergadura.
Los jóvenes del Movimiento 20 de Febrero que protagonizan las protestas sociales tenían además la intención de organizar un picnic en el bosque de Temara que rodea la sede central de esa policía política. La iniciativa irritaba a los agentes.
El atentado perpetrado ayer recuerda a la serie de bombazos que padeció Casablanca hace ocho años y que costaron la vida a 33 personas -cuatro de ellas españolas en la Casa de España- y a los 12 kamikazes que se volaron con sus mochilas repletas de explosivos.
Aquella ola de violencia dio la puntilla a las reformas puestas en marcha por Mohamed VI al principio de su reinado, en 1999, pero que cuatro años después habían perdido fuelle.
A finales de mayo de 2003 el monarca anunció en un discurso "el fin de la era del laxismo" y su intención de parar los pies "a aquellos que se aprovechan de la democracia para perjudicar a la autoridad del Estado y a aquellos que difunden ideas que abonan el terreno para sembrar las espinas del ostracismo, del fanatismo y de la discordia". Unos 8.000 marroquíes fueron entonces detenidos y más de 2.000 fueron juzgados por terrorismo.
"Los jóvenes del Movimiento 20 de Febrero rezan ahora por que no se repita la historia", afirma el periodista Aboubakr Jamai.
Terrosismo en Marraquech
Marraquech es el destino favorito del turismo internacional en Marruecos, y la plaza de Yemaa el Fna, su pintoresco punto de concentración por excelencia. Quienes hicieron estallar ayer una potente bomba en ese escenario buscaban también la inmediata repercusión mundial de un crimen que ha dejado al menos 15 muertos y decenas de heridos. Un rebrote terrorista que evoca pasadas pesadillas y por el que España se siente especialmente concernida en todos los órdenes.

Las primeras especulaciones sobre el brutal atentado -no reivindicado y perpetrado, según algunas fuentes, por un dinamitero suicida- se centran en la reaparición ocho años después del terrorismo islamista, que se creía prácticamente desaparecido en Marruecos y que tuvo su epítome en los atentados que sacudieron en 2003 Casablanca, la capital comercial del país, y se cobraron casi medio centenar de vidas. La teoría del terror islamista resulta plenamente consistente con las características conocidas del sangriento ataque y con la situación de efervescencia del mundo árabe y del reino alauí en particular. La semana pasada, supuestos miembros marroquíes de la rama norteafricana de Al Qaeda amenazaban en YouTube con vengar la sistemática represión islamista del Gobierno de Rabat.
El atentado de Marraquech, que ha sorprendido en Madrid a una nutrida delegación ministerial marroquí, supone un golpe contundente a la economía del país vecino, basada en buena medida en el turismo y muy castigada ya por los acontecimientos que agitan el norte de África. Pero, sobre todo, la trágica voladura del café Argana, sobre la que Mohamed VI ha exigido a sus ministros respuestas rápidas y transparentes, representa un brusco frenazo, como poco, del proceso reformista anunciado por el rey de Marruecos para intentar evitar que prendan en su país con todas sus consecuencias las revueltas populares que sacuden el mundo árabe.
Después de asegurar altivamente en febrero que no se dejaría ganar por la demagogia de las protestas callejeras que exigen reformas democráticas y económicas y una decidida lucha contra la omnipresente corrupción, Mohamed VI anunció repentinamente, en marzo, lo que calificó de profundo cambio constitucional. El borrador debería estar listo en junio e incluiría un poder judicial independiente, mayor papel para los partidos y el Parlamento -emanado de elecciones libres y limpias- y descentralización regional. El rey ha eludido pronunciarse sobre si su plan incluiría alguna renuncia a los vastísimos poderes y conexiones que le convierten en factótum de la política y la economía de Marruecos.
En este contexto no es gratuito imaginar que la obstaculización de ese incipiente proceso democratizador, o incluso su descarrilamiento por la bomba de Marraquech, podría servir también a enrocados intereses ajenos a los del fundamentalismo islamista más violento.

Las primeras especulaciones sobre el brutal atentado -no reivindicado y perpetrado, según algunas fuentes, por un dinamitero suicida- se centran en la reaparición ocho años después del terrorismo islamista, que se creía prácticamente desaparecido en Marruecos y que tuvo su epítome en los atentados que sacudieron en 2003 Casablanca, la capital comercial del país, y se cobraron casi medio centenar de vidas. La teoría del terror islamista resulta plenamente consistente con las características conocidas del sangriento ataque y con la situación de efervescencia del mundo árabe y del reino alauí en particular. La semana pasada, supuestos miembros marroquíes de la rama norteafricana de Al Qaeda amenazaban en YouTube con vengar la sistemática represión islamista del Gobierno de Rabat.
El atentado de Marraquech, que ha sorprendido en Madrid a una nutrida delegación ministerial marroquí, supone un golpe contundente a la economía del país vecino, basada en buena medida en el turismo y muy castigada ya por los acontecimientos que agitan el norte de África. Pero, sobre todo, la trágica voladura del café Argana, sobre la que Mohamed VI ha exigido a sus ministros respuestas rápidas y transparentes, representa un brusco frenazo, como poco, del proceso reformista anunciado por el rey de Marruecos para intentar evitar que prendan en su país con todas sus consecuencias las revueltas populares que sacuden el mundo árabe.
Después de asegurar altivamente en febrero que no se dejaría ganar por la demagogia de las protestas callejeras que exigen reformas democráticas y económicas y una decidida lucha contra la omnipresente corrupción, Mohamed VI anunció repentinamente, en marzo, lo que calificó de profundo cambio constitucional. El borrador debería estar listo en junio e incluiría un poder judicial independiente, mayor papel para los partidos y el Parlamento -emanado de elecciones libres y limpias- y descentralización regional. El rey ha eludido pronunciarse sobre si su plan incluiría alguna renuncia a los vastísimos poderes y conexiones que le convierten en factótum de la política y la economía de Marruecos.
En este contexto no es gratuito imaginar que la obstaculización de ese incipiente proceso democratizador, o incluso su descarrilamiento por la bomba de Marraquech, podría servir también a enrocados intereses ajenos a los del fundamentalismo islamista más violento.
viernes, 15 de abril de 2011
Japón buca un plan alternativo para refrigerar la central de Fukushima
El escape continúa de forma inexorable día a día,al mar al aire y al suelo.
Japón busca un plan B para controlar la nuclear de Fukushima,en estado crítico desde hace más de un mes.Las dificultades para retirar el agua radiactiva, que dificulta enormemente los trabajos en la planta,llevo ayer a la agencia nuclear Japonesa a anunciar que "piensan en otras opciones".
Conforme pasan los días sin avances,cree la impresión de que cualquier replica de calado;había 1.oo3 temblores medidos puede dejar la nuclear de nuevo sin refrigeración y disparar la alrma otra vez.
El presidente de la agencia nuclear de E.E.U.U Gregoru Jazcko,dijo de que la situación de los reactores no es estable sino estatica,no solo esta controlada sino que no mejora.EEUU ha mantenido una posición de cierta critica hacia Japón;generalmente han dado una visión más pesimista que la de Tokio y el tiempo ha ido dando la razón.La precaria de refrigeración de Fukushima ha entrado en un circulo vicioso.Los técnicos necesitan necesitan inyectar agua en los reactores y en las piscinas para evitar que se funda más el combustible,lo que aumenta la fuga al exterior.Pero a la vez esa agua se escapa por alguna parte hacia el edificio de turbinas y dificulta enormemente los trabajos.El resultado es que el escape continua de forma inexorable día a día,al mar,al aire y el suelo. Japón ya a encontrado pescado con contaminación incluso a 35 kilómetros de la central,un drama para un país con la mayor flota pesquera del mundo.
Japón busca un plan B para controlar la nuclear de Fukushima,en estado crítico desde hace más de un mes.Las dificultades para retirar el agua radiactiva, que dificulta enormemente los trabajos en la planta,llevo ayer a la agencia nuclear Japonesa a anunciar que "piensan en otras opciones".
Conforme pasan los días sin avances,cree la impresión de que cualquier replica de calado;había 1.oo3 temblores medidos puede dejar la nuclear de nuevo sin refrigeración y disparar la alrma otra vez.
El presidente de la agencia nuclear de E.E.U.U Gregoru Jazcko,dijo de que la situación de los reactores no es estable sino estatica,no solo esta controlada sino que no mejora.EEUU ha mantenido una posición de cierta critica hacia Japón;generalmente han dado una visión más pesimista que la de Tokio y el tiempo ha ido dando la razón.La precaria de refrigeración de Fukushima ha entrado en un circulo vicioso.Los técnicos necesitan necesitan inyectar agua en los reactores y en las piscinas para evitar que se funda más el combustible,lo que aumenta la fuga al exterior.Pero a la vez esa agua se escapa por alguna parte hacia el edificio de turbinas y dificulta enormemente los trabajos.El resultado es que el escape continua de forma inexorable día a día,al mar,al aire y el suelo. Japón ya a encontrado pescado con contaminación incluso a 35 kilómetros de la central,un drama para un país con la mayor flota pesquera del mundo.
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